
La Ley de de divorcio en Argentina lleva apenas poco mas de 20 años. Hubo muchas controversias al respecto porque se consideraba que aprobada dicha ley la disolución del matrimonio y/o familia sería "masificada". (puede interiorizarse un poco mas si le interesa visitando http://www.eldia.com.ar/edis/20070603/informaciongeneral9.htm )
Se vive permanentemente de forma vertiginosa, en un acelere desmedido quizás porque la misma sociedad exige seguir esos canones sino se queda "por fuera de".
Pueden surgir sentimientos ambivalentes (amor- odio) respecto a nuestra pareja y contradictorias, por un lado, la ilusión de eternidad, el "para siempre" y por otro lado la necesidad de la satisfacción inmediata y urgente (no saber que se quiere pero quererlo ahora).
El ritmo de vida, la autoexigencia permanente de ser "exitoso", el consumismo elevado a la enésima potencia hace en ocasiones que no se pueda equilibrar éxito laboral- éxito familiar y comience aquí un desfasaje. Un quiebre.
Se fue perdiendo la seguridad que había antiguamente en las relaciones amorosas. El divorcio en nuestra cultura no es más que el reflejo de estos cambios.
El matrimonio no es lo que era, de hecho mucha gente elige convivir y no pasar por un registro civil para sellar esa unión. El amor siempre fue el requisito fundamental para contemplar la unión; pero antes, otros valores eran considerados los fundamentales para sostener el matrimonio: mandatos sociales, intereses económicos, acatamiento de reglas, intentar escapar de rótulos como "solterona", "solterón", etc.
El amor es la base de la unión y su ausencia puede legitimar el fin de la misma.
El divorcio es resultado de un proceso largo y complejo mucho mas que lo determinado legalmente. Es un proceso que por mas que sea de mutuo acuerdo conmueve estructuralmente a quienes lo padecen. Se trata de volver a rearmarse como individuos después de un tsunami que arrasó con las estructuras, con las construcciones conjuntas, con lo realizado y dolorosamente, con los proyectos y objetivos comunes. Todo aquello que alguna vez los unió se desploma.
No se trata de una crisis pasajera, sino de una experiencia que deja huellas indelebles en quienes se ven atravesados por él.
Una familia es capaz de sobrevivir, pero debe modificarse para ello; reacomodarse a nuevas formas de vivir, tornar la experiencia en una fuente de aprendizajes acerca de sí mismo y de los otros involucrados. Porque la vida continua y el desafío será ver cómo se transita el antes, durante y el después.
